Cuando estás enojada con tus hijos



¿Qué es lo primero que haces cuando te enojas con tus hijos? ¿Cuál es tu primera reacción cuando te sorprenden con algo que no esperabas? ¿Gritas, lloras, pegas, insultas, revoleas cosas, das portazos?


Claro que es difícil no estallar cuando descubres mentiras, engaños, cuando te avergüenzas de lo que escuchas, cuando recibes una llamada que no esperabas… y claro que es difícil no culparse sintiendo que has fracasado completamente como mamá.


Te ha pasado miles de veces, desataste tu furia diciendo cosas que sabes que no son verdad, que más tarde trataste de explicar, interpretar, borrar, pero ya están dichas.

Se pueden perdonar, pero serán muy difíciles de olvidar.


La buena noticia es que así como puedes cambiar tus hábitos de alimentación, empezar a ejercitarte, ser más disciplinada con el estudio o el trabajo, también puedes aprender a controlar tus emociones.


Practicar respuestas y tener una estrategia de salida, puede ayudarte a manejar tu enojo y decepción de una manera mejor.

Te soy sincera, no suelo estallar fácilmente, pero hay cosas que tocan mis nervios, me preocupan, me hacen saltar re mal y como no me gusto nada enojada (mi tono de voz, los ojos como dos huevos fritos, los cachetes colorados, los gestos, el humo saliendo por las orejas) tengo una lista mental que me ayuda a salir del paso y me da tiempo para pensar, antes de que el río de emociones desborde y sea demasiado tarde.


Explicar tu enojo, en lugar de demostrarlo, cerrará la puerta de la discusión y abrirá la de la solución.

Sofi ya está en los 11 y Matt casi en los 13. Están creciendo, ya no son tan niños... y hoy más que nunca, quiero que tengan la seguridad de que estaré para ellos y podré escucharlos sin “enloquecer” ni “descompensarme”, aunque lo que tengan para contarme (o me entere por otro lado... que siempre digo que es peor) me agarre completamente en curva y vaya en contra de todo lo que les he enseñado.


Aquí vamos... sucedió lo que no esperabas... y tienes a tus hijos pre-adolescentes al alcance de tu mano. Primero...


  • Haz silencio. Trágate tus palabras. Respira profundo y cuenta hasta 100.


Si no tienes nada bueno para decir, mejor no digas nada.

  • Date unos minutos a solas. Enciérrate en el baño, en tu cuarto o sal a respirar aire fresco para tranquilizarte y hacer una oración. ¿Sabes que la Biblia dice que si te hace falta sabiduría puedes pedírsela a Dios y que Él te la dará con abundancia y sin pedirte nada a cambio? Realmente funciona.


  • Ten en cuenta que si reaccionas inmediatamente puedes estar tapando un problema aún mayor. Puede que lo que ha sucedido y te ha volado la cabeza sea sólo la punta del ovillo. No la pierdas.


  • No intentes entender lo sucedido inmediatamente. No hagas preguntas. No aceptes ningún tipo de explicación o justificación. Tu estas enojada y desilusionada y sin duda reaccionarás mal. Date tiempo para procesar lo que ha pasado y dile a tus hijos que hablarás con ellos cuando estés más calmada.


  • Piensa en por lo menos tres aspectos positivos que se relacionen con el problema y trata de sacar provecho de la situación. Esta práctica te ayudará a encarar cualquier problema de la vida de la mejor manera. Es difícil, puede que te tome una noche o unos cuantos días. Te sientes decepcionada, estás enojada, pero todavía tienes la oportunidad de enseñar a tus hijos una lección importante. No desaproveches la oportunidad.


  • Busca consejo. Habla con tu esposo, haz una llamada, visita a una amiga. El hablar con alguien más te dará otra perspectiva. Quizás te des cuenta que el problema tiene más que ver contigo misma que con ellos… pregúntate: ¿Qué es lo que me afecta tanto del asunto? ¿Tiene que ver con mis expectativas? ¿Me recuerda a algo que ya viví? ¿Estoy desbordada por otros asuntos?


  • Recuerda que tus hijos tienen todo el derecho de equivocarse y de cometer errores (mucho más que tú, que ya eres una adulta) Ellos están creciendo, aprendiendo, cambiando y probando límites continuamente. Las conclusiones del mundo que los rodea no siempre son las más acertadas, porque todavía necesitan madurar. Pensar así te dará una dosis de gracia extra.


  • No etiquetes a tus hijos. Que hayan mentido no los convierte en mentirosos, que hayan robado no los hace ladrones, que hayan actuado sin mostrar compasión, no los hace insensibles. Cuida tus palabras. No los encajes en su error. No te gusta que lo hagan contigo ¿verdad?


  • No uses las palabras “siempre” y “nunca”. Son muy fuertes, dejan marcas y de ninguna manera pueden ser verdad.


  • No amenaces. No impongas castigos exagerados o imposibles de cumplir. Lo único que hará esto es desacreditar tu autoridad. Una vez que estés calmada explícales con la mayor claridad posible porque el comportamiento está fuera de lugar y en que manera los daña a ellos y a las personas que los rodean. Recuerda que son chicos y no entenderán y asimilarán todo de una vez.  Te tocará volver una y otra vez sobre el mismo tema, darle otras vueltas y profundizar según la edad.


  • No tiñas todo con el error que cometieron, trata de aislar la situación lo más posible y asegúrate que la disciplina que impongas sea justa y se relacione específicamente con lo sucedido. (Para esto la perspectiva de un hombre te ayudará bastante)



No siempre podremos evitar enojarnos, pero sí podemos controlar la manera en que demostramos nuestras emociones y sentimientos.


Esta es mi lista, gracias por leerla hasta el final. Espero que la próxima vez que te algo te haga salirte de las casillas, recuerdes algo de este post. Espero que te sirva y lo compartas.


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¿Tienes alguna sugerencia? ¿Algún consejo? ¿Algo que te ayuda a calmarte cuando estás súper enojada? Deja tu experiencia en la sección de comentarios de este post. Las mamás del mundo necesitamos escuchar tu voz.


¡Hasta pronto y mil gracias por pasar!


Leticia

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